La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad neurológica crónica que afecta al sistema nervioso central (SNC), mediante el sistema inmunológico. Se trata de la segunda causa de discapacidad neurológica en adultos jóvenes (entre 20 y 40 años de edad) y afecta predominantemente al sexo femenino. La EM tiene múltiples manifestaciones, y puede afectar a cada persona de forma diferente.

La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad que se conoce desde hace muchos años. El primer neurólogo en realizar una descripción exhaustiva de la enfermedad fue Jean-Martin Charcot (1825-1893).

La prevalencia de la EM es importante. Los últimos estudios epidemiológicos realizados en España indican que hay entre 4 y 8 personas afectadas por la esclerosis múltiple por cada 10.000 habitantes, lo que significa que hay unas 46.000 personas que conviven con la enfermedad. Es la segunda causa de discapacidad neurológica en adultos jóvenes, tras los traumatismos.

La esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmune. Esto significa que las células del sistema inmunológico (las encargadas de protegernos de las infecciones causadas por los microorganismos externos) reaccionan, de forma errónea, contra estructuras propias del organismo. En el caso de la EM, se produce un ataque a la mielina del sistema nervioso central (formado por el cerebro y la médula espinal).

La mielina es una estructura que recubre los axones de las neuronas, permitiendo así su correcto funcionamiento (figura 1). A modo de ejemplo, podríamos comparar el sistema nervioso central a un cableado eléctrico donde el cable serían los axones (prolongaciones de las neuronas), y la mielina sería el plástico o cobertura aislante del cable. Los axones (‘el cable’) son los encargados de transmitir la información desde y hacia el cerebro, permitiendo el correcto funcionamiento motor y sensitivo, entre otras funciones. La mielina (‘la cobertura aislante’) es la encargada de facilitar la correcta transmisión de estos impulsos nerviosos. Su destrucción provocará un enlentecimiento o una interrupción de la transmisión nerviosa, produciéndose entonces los síntomas y signos característicos de esta enfermedad.

Las zonas en las que se produce una pérdida de mielina (llamadas lesiones o placas) aparecen en el tejido nervioso como zonas endurecidas (tipo cicatriz o esclerosis). Estas lesiones se producen en diferentes momentos y en múltiples localizaciones del cerebro y la médula espinal. Los síntomas y signos de la enfermedad variarán de una persona a otra en función de las áreas afectadas. Aunque diferentes personas compartan el mismo diagnóstico, la enfermedad y su evolución será diferente en cada afectado.

La terapia ocupacional para personas con esclerosis múltiple

La terapia ocupacional para personas con esclerosis múltiple

Las personas con EM pueden tener dificultades para llevar a cabo las actividades de la vida cotidiana y mantener sus rutinas. La convivencia con los brotes y síntomas de la enfermedad o con las secuelas y lesiones producidas en el sistema nervioso central a lo largo de los años puede conllevar dificultades para que el afectado desarrolle sus ocupaciones y roles de forma satisfactoria. A veces, son necesarios cambios en el funcionamiento familiar para adaptarse a esta nueva situación y disminuir el impacto de la enfermedad.

Las personas con EM pueden sufrir dificultades muy variadas que hay que identificar de forma personal. Cuando estos obstáculos afectan al estilo de vida que el paciente quiere llevar a cabo, es recomendable acudir a un terapeuta ocupacional para encontrar una solución. El profesional ofrece un tratamiento personalizado y adecuado a las necesidades de cada afectado.

A continuación, se exponen las 5 dificultades que más a menudo se observan en la práctica clínica:

  • Dificultades para llevar a cabo las rutinas del día a día. Las personas con EM pueden encontrar complicaciones para mantener un ritmo constante a lo largo del día y durante varios días seguidos. Muchos afectados necesitan descansar a lo largo de la jornada, dejar la actividad que están realizando para otro momento, etc.
  • Dificultades para llevar a cabo actividades que se prolongan en el tiempo o que implican largos desplazamientos o largos ratos de pie y sin descanso: cenar fuera con los amigos, pasar el día fuera de casa, ir de compras a un centro comercial, visitar un museo, etc.
  • Dificultades para realizar dos actividades a la vez. Por ejemplo, cortar verdura mientras se cuecen alimentos al fuego, hablar por teléfono mientras se cocina, mantener una conversación mientras se pasea, etc.
  • Dificultades físicas para realizar tareas que requieren cambios posturales. Actividades como ponerse los pantalones, levantarse de la cama o entrar en la bañera pueden ser complicadas para las personas con EM. También pueden suponer dificultades aquellas actividades que implican motricidad fina, como abrocharse los botones, maquillarse o ponerse los pendientes. De la misma manera, tareas que exigen coordinación y desplazamientos, como poner la mesa o hacer la cama, pueden suponer grandes obstáculos para los pacientes de EM.
  • Dificultades para hacer actividades debido a las barreras arquitectónicas del entorno, como pueden ser las puertas estrechas, las escaleras en el domicilio o la falta de ascensor. Las estanterías excesivamente altas o bajas también pueden representar un hándicap para las personas con EM.

Todas estas dificultades pueden provocar que la persona con EM participe menos en las actividades del día a día o que, incluso, abandone alguna actividad significativa. El terapeuta ocupacional analiza y detecta cuáles son las dificultades de la persona con esclerosis múltiple y las habilidades que tiene para ser lo más autónoma posible.

Fuente: observatorioesclerosismultiple.com

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